Mi vida tomo la velocidad deseada.

Esa velocidad que parece camina lenta, sin embargo las circunstancias te demuestran que ha pasado a gran velocidad.

El amor por el que en alguna ocasión sufrí regreso, por si solo sin haberlo llamado, sin haberlo deseado.

Vino con las manos llenas de propuestas, ofreciendo los mejores acontecimientos para el futuro, ofreciendo atardeceres y silencios en momentos oportunos.

Regresaste sin tocar pasado, cuidando todos los detalles para no recordar culpas y errores que se adelantaron en su momento para que le diera muerte a nuestro noviazgo.

Cuánto anhelé hace un año ese momento, de rodillas pedía a la vida tu cálida compañía, tus sonrisas y el alma de niño que tenías.

Pero hoy, hoy ya no eres el mismo, armadura pusiste en tu vida, corazón de hierro.

Me pusiste el acuerdo sobre la mesa, una relación frívola, un mar egoísta me ofreciste.

No firmé el acuerdo y por el contrario me despedí de ti en esta vida.

Hoy no arriesgué mi corazón porque ya existe en mí el hombre por el que he decidido arriesgarlo.

Te he devuelto tus palabras que en nuestro final me dijiste:

“Descubre por qué necesitabas una experiencia, conquístala, y no la necesitarás de nuevo…”

Ya no necesité la experiencia, y así como tú cambiaste yo también lo hice, hoy estoy enamorada de la vida, hoy habita en mí la dicha y mi corazón esta tan lleno que ni la propuesta más atractiva lo hizo temblar.